Los primeros dos días fueron intensos. Luego nos calmamos y decidimos visitar los lugares que nos faltaban. Yo quería ir a los lugares que nadie quería; Cementerio de Pere Lachaise (Tumba de Jim Morrison y Chopin) y al barrio de Amelie, pero mejor fuimos a los lugares típicos, así que dejo cosas pendientes para mi próxima vez en Paris.
El 2 de enero decidimos subir
Viramos luego al lugar que tiene la mejor vista de París, el más lindo atardecer: Sacre Coeur, en el barrio de Montpellier, luego de una laaaarga escalera. El templo era lindo y me recordó mucho a la basílica que está en Santa Isabel con San Diego, pero con la diferencia de que esta se iluminaba con distintos colores de noche y estaba toda blanquita, ¿ubican la iglesia que les digo? Si no la han visitado les recomiendo entrar lo antes posible a esta bella iglesia en pleno centro de Santiago.
Este barrio era entretenido, un toque de desorden, al parece también se rodaron algunas escenas de Amelie por esas calles. Bajando por la falda de un cerro llegamos al Moulin Rouge una zona con muchos sex shop, lamentablemente no me alcanzó el presupuesto para el show, eran 140 euros = 100 lukitas. También visitamos las vitrinas de Galerias Lafayette y fuimos a carretiar al barrio de
París tiene una magia que atrapa, conquista, atrae, caminar por el Boulevard Saint Germain, el Quartier Latin o simplemente viajar en el metro es monumental. Se derrocha arte por las calles o por los vagones, desde bailarines hasta grandes músicos. Dan hasta ganas de vivir allá... pero como todos, también tienen sus yayitas: los franceses tienen algunas malas costumbres según lo que pude observar, son malos para contener el esfínter y ya sea en la calle o en los asientos del metro es común ver orinar a esta clase de homo-primer-mundistis. También hacen algo que me pareció un poco promiscuo, cuando pasas por el torniquete del metro ¡Cuidado! Alguien puede abrazarte y pasar contigo, me pasó una vez y no me dijeron ni Bonjour.
El último día en París nos juntamos con Matías, su tía Iris y sus niñas para ir al Castillo de Versalles, y voto ahora mismo por matar a Luis XVI, descaro de abundancia, de lujo y banalidades que me generó una urticaria por algunas horas. Pero mi afán por los parques me hizo admirar los jardines de Versalles que según, Luis XIV, quería que llegaran hasta donde alcanzara su vista desde el Castillo y así es.
La despedida de Paris fue corrida también, concuerda con el año nuevo. Luego de Versalles, Iris nos invitó a almorzar a su casa y desde allá fuimos al hostel a buscar las maletas y luego correr al Tren, llegamos con 2 minutos de anticipación para abordar el Trenhotel Paris Madrid, lo que ya es parte de otra historia...
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